24 de junio de 2017

Camboya: pedalea un camino siguiendo sus curvas, descubre un país siguiendo sus costumbres

El atento lector de este épico blog recordará que Vietnam había surgido de la unión de un dragón y un hada. De Camboya cuenta la leyenda que surgió de la unión de una princesa con un extranjero. La princesa era la hija de un rey naga, una serpiente mitológica que reinaba sobre tierras sumergidas. Un día un brahma indio llamado Kaudinya navegaba por ahí (?) y la princesa fue educadamente a saludarlo. Kaudinya, muy desconsiderado, le disparó una flecha con su arco mágico y ella, temerosa, decidió aceptar su petición de matrimonio. (Un poco raro todo, pero tal vez no se les pueda exigir coherencia y lógica a los protagonistas de las leyendas). El caso es que, a falta de mejor dote para el bodorrio, el rey se bebió las aguas de su reino y le regaló las tierras que de ahí emergieron a Kaudinya. Estas tierras emergidas se llamaron Kambunja, origen de la palabra Camboya. Parece que el rey no se lo bebió todo y así el río Mekong y algunos lagos dominan la geografía camboyana, un país manejable de unos 118.000 Km2.

4 de junio de 2017

Vietnam: Saigón y el delta del Mekong

Y por fin, tras 1.866 Km pedaleados desde la norteña Hanoi, llegamos a Saigón. Salvo para los acérrimos seguidores del expresidente Ho Chi Minh, dudo que haya nadie que prefiera este nombre al cinematográfico, literario, evocador Saigón para referirse a la capital del sur de Vietnam y su mayor ciudad. Con unos 6 millones de habitantes la ciudad, 14 millones el área metropolitana y nada menos que 7 millones de motos, cumple con las expectativas de lo que los folletos turísticos describen como "ciudad vibrante y llena de energía" -esto es, ruido, caos y follón- que uno ya asume en las ciudades de esta parte del mundo. Así ese aire sensual y exóticamente evocador de algunas novelas del siglo pasado queda un tanto en entredicho, cubierto como está de humos, bocinazos y hormigón. Se parece más al lugar de perdición con ambiente de "última frontera" que dibujan algunas películas de la guerra. La propia zona de hoteles para mochileros tiene su toque sórdido con continuas ofertas de drogas y masajes, masajes de esos que, viendo quién y cómo los ofrecían, a buen seguro eran con "final feliz".

23 de mayo de 2017

Vietnam: de Hanoi a Saigón

Dice la leyenda que los vietnamitas descienden de la unión del dragón Lac Long Quan con el hada Au Co. Sin duda, una unión más exótica e interesante que la de Adán y Eva. Ambos parece que congeniaron y tuvieron nada menos que cien hijos, aunque con una pequeña trampa: la madre parió un saco con cien huevos. Supongo que después la relación se fastidió (los hijos, ya se sabe) y, en una demostración de modernidad judicial, la madre se fue con cincuenta hijos a las montañas, mientras el padre se fue con los otros cincuenta a la costa. Liderados por el hijo mayor, todos estos hijos fundaron la primera dinastía vietnamita, los Hung, que reinaron sobre el reino de Van Lang, cuyos habitantes fueron los primeros conocidos como Lac Viet, de donde sale Vietnam.

19 de abril de 2017

Good morning, Vietnam!

Ya, ya sé que el "Good morning Vietnam!" de marras -la famosa película de Robin Williams- lo ha utilizado hasta el tato para titular cualquier cosa relativa a este país, pero no por manido deja de ser un buen título.

Tras un cruce de fronteras de esos interminables entramos en nuestro país 35 de este viaje por el paso de "la amistad", el típico nombre que usan los enemigos acérrimos para bautizar pasos, puentes o túneles cuando aseguran estar reconciliados. Hipócrita madurez. Finalizados los trámites aduaneros nos quedamos muy cerca de la frontera vietnamita sin apenas hacer kilómetros, en un pueblo de sonoro nombre, muy apropiado para la entrada a un país, Dong Dang ("¿hay alguien?"), día de transición para situarnos en el nuevo país, sacar dinero, ver precios y esas cosas.

"Esas cosas" incluyeron sentarnos en terrazas y tomar cafés. ¡Qué placer! Desde luego, algo bueno dejaron los franceses en esta parte del mundo. Quiero decir, además de la boina, auténtica txapela negra con rabito y todo, que tantos vietnamitas llevan. Crujiente pan, rico y denso café -caliente o con hielo- adecuadamente endulzado con un toque de leche condensada, smoothies de mango o aguacate, helados..., todo ello consumido en abiertas terrazas contemplando el mundo pasar. Por cierto, ¿cómo es posible que el concepto "terraza" no se haya exportado a todo el mundo?

9 de marzo de 2017

Bye bye China!

Con el objetivo de evitar las zonas más pobladas del sur de China, desde Hong Kong cogimos un ferry hasta la fluvial Gaoming, ya en China propiamente dicha. Se trata de un distrito río arriba cerca de Foshan, en la provincia de Guandong, también llamada Cantón. Ésta, para el que no lo sepa, es la provincia más poblada de China con la friolera de 104 millones de personas. La zona de su capital, Guanzhou (también llamada Cantón), junto con el delta del río Perla, supone ya 44 abigarrados millones; más de 50 si incluimos Hong Kong. Si es que hay chinos p'aburrir... Además, con una de las mayores y más activas zonas industriales del mundo, todo lo que nos ayudara a evitar esta aglomeración no precisamente bucólico-pastoril y la concurrida frontera entre Hong Kong y Shenzhen, bienvenido fuera.

19 de febrero de 2017

...y sin pedalear en Hong Kong

Aterrizamos en el que para mí es todavía el aeropuerto "nuevo" de Hong Kong, aunque fuera inaugurado en 1998, provenientes de Manila. Nuestras bicis emergieron junto al carrusel en aparente perfecto estado a pesar del (o tal vez gracias al) ligero empaquetado: un par de cartones cubriendo las partes más delicadas, un poco de cuerda sujetándolos entre sí y una bolsa protectora de un "todo a cien" japonés que deja las ruedas a la vista. Parece que así los que gestionan el equipaje saben que son bicis y las tratan con más cariño que si van camufladas en cajas.

Un magnífico, excelente, maravilloso tren construido por CAF, nos llevó a nosotros y a nuestras bicis al barrio de Central, donde nos esperaba Alejo, amigo y exjefe de los tiempos de Lladró, que vive en Hong Kong casi desde antes de que llegaran los ingleses en 1841. Nos alojamos en un apartamento perteneciente a su cuñada, sin mueble alguno pero bastante céntrico y con lo necesario para estar estupendamente unos días... ahorrandonos el hotel, que no es moco de pavo en una ciudad tan cara como Hong Kong. Mgoe sae!

5 de febrero de 2017

Filipinas: pedaleando de isla en isla

En Cebú, la segunda ciudad de Filipinas y nuestra entrada en el país, coincidimos nuevamente con Rubén y Merce, ellos ya de grand finale de su largo viaje ciclista por Eurasia, a punto de volverse a España vía Hong Kong. Seguro que nos volveremos a ver pedaleando por algún lugar del mundo.

En esta poblada y caótica ciudad turisteamos un poco, mandamos a arreglar la cámara de fotos rota ya hace unas cuantas semanas y visité al dentista para rehacer una muela rota. (Una cuña publicitaria de interés para nuestros estimados lectores: ese dentista te puede hacer una corona enteramente de porcelana con tecnología cad/cam alemana bastante impresionante en solo 10 minutos por 600€. A nada que tengas varias que ponerte, con lo que te ahorras te puedes pagar las vacaciones en Filipinas. Si alguien quiere sus datos...).

La salida de la ciudad de Cebú fue el típico horror de urbe tercermundista: mogollón de tráfico (aunque, siendo justos, razonablemente respetuoso con nosotros), humo, polvo, calor abochornante. Se me olvidaba comentar que nada menos que 16,5 Kg de material de acampada y ropa de invierno que no íbamos a usar durante los próximos meses en el Sudeste asiático fueron enviados por correo desde Tokio a un amigo a Bangkok. Amigo que espero que lo siga siendo cuando lo reciba. Así que ahora pedaleamos Bego con dos alforjas y yo con tres. Un gusto.

7 de enero de 2017

Filipando en Filipinas

Aterrizamos en Marte. O tal vez Mercurio sería más apropiado, por aquello del calor. Desde luego, eso nos pareció cuando llegamos a Filipinas provenientes de Japón. Dudo que haya dos países con mayor contraste que estos dos archipiélagos. Y no solamente por pasar del invernal frío japonés a la calurosa y húmeda bofetada del tropical bochorno filipino, calor que se apodera de ti nada más salir del aire acondicionado del aeropuerto y, como el desodorante, no te abandonará hasta que salgas del país. Como todos habéis leído ya detenidamente las entradas referentes a Japón 😀, no hará falta que diga que Japón es sinónimo de orden, limpieza, pulcritud, armonía, sofisticación, riqueza, una sociedad tirando a anciana, en decrecimiento, más del "sol poniente" que del "naciente". Filipinas, en cambio, es el paradigma del caos, del ruido y de la cacofonía, la simpatía, la risa y la música, del lío continuo, si no de la suciedad sí por lo menos de una cierta relajación en la limpieza, del mal llamado tercer mundo con mayúsculas, de un país con una población joven, divertida, energética y en crecimiento. Si exceptuamos que ambos son archipiélagos sitos en el Pacífico con unas 7.000 islas cada uno, con mucha población -130 disminuyentes millones Japón y 108 crecientes millones Filipinas, casi todos ellos bajitos-, con volcanes y terremotos, estos dos países se parecen entre sí como un huevo a una castaña.

10 de diciembre de 2016

De capitales imperiales (esta vez japonesas) va la cosa

Dejamos Kioto tras una visita al famoso templo dorado acompañados de miles de turistas y de miles de gotas de lluvia, lluvia que nos acompañó casi todo el camino hasta el lago Biwa, el mayor lago de Japón. Dos noches en un "love hoteru" (en román paladino, un picadero) nos recargaron las pilas para lo que venía por delante..., algo que al final no vino.

Sekigahara, nuestra siguiente etapa, no es solamente la frontera entre el oeste y el este de Japón (se supone que la más japonesa de las sopas, la sopa miso, sabe diferente a uno y otro lado de este punto), sino también el sitio donde se celebró la mayor batalla de la historia de Japón. Tras leer varias veces las estrategias de los clanes y subclanes que participaron en la batalla (en su desenlace parece crucial que Fukushima Masanori atacara hacia el norte desde el flanco izquierdo de Tokugawa contra el centro derecha del ejercito occidental, acción dificultada por el barro acumulado debido a los días de lluvia anteriores. Huelga decir que Ishida ordenó a Yoshihiro reforzar su flanco derecho; desgraciadamente éste se negó porque Ishida no era un comandante respetado) esteeee me temo que no me enteré de nada, pero me quedé con que fue un 21 de octubre de 1600 a las 8 de la mañana. Siempre madrugadores estos japoneses.

17 de noviembre de 2016

Bicigrinando por Japón

Llegamos a la industrial Tokuyama, ya en la isla principal de Japón, Honshu, en un atardecer oscuro, ventoso, frío y lluvioso. Tras intentar en vano alquilar una habitación de hotel, para acabar de arreglar este panorama festivo nos fuimos a dormir a un lugar tranquilo con vistas al futuro, esto es, junto a un cementerio. Una aparición, un alma en pena en forma de señor paseando a un perro nos hizo notar que ahí no estaba permitido acampar, por mucho que a nuestros vecinos no les fuéramos a molestar en su eterno sueño, y nos indicó otro lugar, en un tupido bosque. Con la que estaba cayendo comprobamos que el bosque era más bien un gran charco sobre el que nuestra tienda hubiera flotado y al final terminamos plantándola en un complejo deportivo, bien cubiertos y junto a unos limpios baños. Tope lujo.

1 de noviembre de 2016

Japón: pedaleando por Kyushu

Entramos a nuestro país 32 de este viaje por la sureña isla de Kyushu, una de las cuatro grandes islas de Japón (junto con Honshu, Hokaido y Shikoku) de un total de nada menos que 6.852 islas que componen el archipiélago japonés. En concreto lo hicimos por Fukuoka, quinta ciudad del país. Ahí pasamos unos dìas de aterrizaje y descanso, tomando con tranquilidad "el pulso" al país. Paseos, templos, museos y comida rica. La llegada a un país es siempre lo más interesante: todo es nuevo, diferente y las cosas te llaman la atención, sean las calles y sus edificios, cómo va vestida la gente o qué productos hay en los supermercados. Después todo ello se va difuminando para convertirse en algo cotidiano. Es entonces cuando empiezas a fijarte más en los paisajes y las atracciones turísticas. Más bonito, pero probablemente menos interesante.

2 de octubre de 2016

Corea del sur: diseño, vías ciclistas... y kimchi

A pesar de los intentos del presidente norcoreano Kim Jong-un por sabotear nuestra visita a Corea del Sur con pruebas nucleares y los consiguientes terremotos, nosotros nos mostramos inasequibles al desaliento y seguimos con nuestros planes de cruzar la península surcoreana de noroeste (Incheon) a suroeste (Busan).

Tras las veintipico horas de ferry desde el puerto de Tianjin hasta Incheon, Corea nos recibió inicialmente con algo de bruma que nos quitó de la cabeza lo de irnos a una playa a descansar. Pero en breve esta bruma pasó a ser un tiempazo otoñal, con cielos claros, sol a raudales y temperaturas perfectas. El otoño es, sin duda, la mejor estación para visitar Corea.

19 de septiembre de 2016

Unos días en China entre Mongolia y Corea

El Transmongol -el ramal del Transiberiano que va de Moscú a Beijing cruzando Mongolia- cruzó la frontera con China muuuuy lentamente. No solo por las típicas labores aduaneras, sino porque el ancho de vía es diferente y tienen que retirar, uno a uno, todos los bogies del tren (una pasada lo que sé yo de trenes, por qué será) y sustituirlos por otros con ancho de vía chino. Las grúas levantaron cada uno de los coches tan suavemente que ni lo notamos. Así, normal que la operación durara varias horas.

Pero llegamos a Beijing, que era lo importante. La ciudad nos recibió con un tiempo otoñal estupendo, de esos soleados, claros, sin excesivo calor. ¡Fuera jerseys, vengan las sandalias! Sin la presión de ver todos y cada uno de los monumentos de Beijing, ciudad que ambos ya habíamos visitado con anterioridad (mi primera vez nada menos que en 1991, no os podéis imaginar lo que ha cambiado), nos dedicamos a pasear por sus hutongs (esas estrechas callejuelas de barrio tan características de Beijing y, desgraciadamente, en fase de desaparición por aquello del progreso), recorrer en bici sus enormes y arboladas avenidas, hacer algún recado, visitar algún punto turístico y poco más. Un gusto.

7 de septiembre de 2016

Dicen en Mongolia que "un hombre sin una bici es como un pájaro sin alas"

Bajaba la cuesta a toda velocidad. No parecía importarle que el espantoso camino fuera empinado, estuviera lleno de barro, piedra suelta y alguna que otra traicionera raíz. Mirándonos sin vernos, impasible el ademán en esa cara curtida por los rigores del clima de la estepa, conducía su hierro chino con una mano, mientras con la otra sostenía el cigarrillo al que le daba caladas de vez en cuando. El alcohol que llevaba en el cuerpo, a buen seguro un vodka Genghis Khan -brebaje infecto donde los haya, que en una inolvidable ocasión tuve que catar por mor del respeto y la fraternidad entre los pueblos del mundo y que a fe mía seguro que también es utilizado como combustible para los lanzallamas-, probablemente contribuía más a su temerario pilotaje que los años de experiencia por esos senderos. A pesar de que su "brioso corcel", que diría un cursi, era una moto china del año del caldo y no un caballo, vestía ropas tradicionales de jinete mongol: el deel (esa especie de abrigo o bata cruzado, unas veces como de raso, otras de tela gruesa, a menudo de colores chillones, ceñido a la cintura con un ancho cinturón), gorra soviética, botas de montar,... Como colofón y para "facilitar" la conducción, de paquete llevaba atada a una cabra que, pobre, no dejaba de berrear a voz en cuello y sacudir la moto, como si la fueran a matar. Que es lo que muy probablemente iba a ocurrir en breve.

Bienvenidos a Mongolia.

30 de julio de 2016

China: de Xian a la frontera mongola

Dejamos a los guerreros de Xian petrificados de pena al vernos partir. Más contentos y aliviados estaban los del hotel Mercure, al borde de la bancarrota tras nuestros tres días de excesos durante el buffet de desayuno. Y así, rellenos hasta el gaznate de bollería, embutidos, mermeladas, bircher muesli y tantas otras delicias que casi teníamos olvidadas, retomamos el camino hacia el norte, hacia Mongolia. Para llegar hasta ahí decidimos tomar inicialmente la más o menos plana G108, buena carretera aunque con bastante tráfico, que pasa por varios puntos visitables. Desgraciada aunque comprensiblemente el viento no quería que nos fuéramos de Xian y nos sopló constantemente en la cara. No era demasiado fuerte, pero unido al pegajoso calor, al denso tráfico y, posteriormente, a la potente contaminación de carbón en la provincia de Shanxi (diferente de Shaanxi, cuya capital es Xian) no hizo que esta sección del viaje fuera especialmente memorable. O tal vez sí.

9 de julio de 2016

China: de Shangri La a Xian

En mis últimos años de vida profesional, mis visitas a China eran a la superpoblada Shanghai y a las en buena medida industrializadas, degradadas y también superpobladas provincias limítrofes. Como en cualquier gran ciudad del mundo, sus pobladores no se distinguen por llevar una vida relajada, distendida y ser abiertos y dicharacheros para con los extranjeros. Sin querer dramatizar, lo cierto es que las visitas a las zonas fabriles de la región me recordaban más a las oscuras novelas de Dickens que a la brillante China de las pinturas clásicas, llena de naturaleza, armonía y delicadeza.

Sichuán, especialmente su parte suroeste, ha sido, junto con Yunán, el reencuentro con la China amable y, más importante, con los chinos. Paisajes enormes, naturaleza desbordante, montañas y más montañas, ríos caudalosos, pueblos pintorescos con gentes sonrientes, amistosas y generosas. ¿De verdad estamos en China?

4 de junio de 2016

Pedaleando por Yunán, China: “Un viaje de mil millas comienza con una simple pedalada” – Hugo Tzu :o)

Tengo una edad en la que la historia ya no tengo que estudiarla, me basta con recordarla. Estuve por primera vez en la sureña provincia china de Yunán con un par de amigos hace ahora la friolera de 25 años. En este cuarto de siglo, que se dice pronto, comparando lo poco que recuerdo (el amigo Alzheimer seguramente va haciendo estragos en mi neurona) con lo que veo ahora... es como estar en otro planeta. La verdad es que, aunque suene a panfleto publicitario de viajes del Imserso, China sorprende por los contrastes, la mezcla de lo viejo (cada vez menos) y lo nuevo, la tradición y tecnología. No importa el tiempo que uno haya pasado en este país -y he pasado bastante-, sigo alucinando al visitarlo.

2 de mayo de 2016

La sonrisa birmana

"¡Ozú Myarma!" Eso es, como si fuéramos un par de andaluces al entrar en Birmania, lo que nos dijimos al final del primer día en este estupendo país.

Entramos en nuestro país 28 sin problemas. En el primer pueblo, vamos al primer cajero y éste nos da dinero a la primera: 300.000 kyat, algo más de 215€ y más que cualquier cajero de la India que, diga lo que diga y prometa lo que prometa, solo te va a dar 10.000 rupias o 140€. Las rupias indias que nos habían sobrado las cambiamos en ese mismo pueblo al precio correcto sin necesidad de regatear. A partir de ese pueblo, en el que nos tomamos un café con leche sentados en una terraza de lujo que ni en la madrileña Plaza Mayor de la exalcaldesa Ana Botella, disfrutamos de buena carretera, prácticamente vacía, casi plana, silenciosa (el contraste con India es, cómo decirlo, un clamor), con bonitas plantaciones, bosques y arbustos a los lados. Cruzamos pequeños pueblos, todo pichichi saluda, sonriente, todo el mundo está relajado. Mucha gente va vestida con ropa tradicional: curiosamente más ellos, con sus faldas longyi -una especie de sarong- y camisa; ellas visten más variadas, con vestidos ajustados, con pantalones de "pijama" al estilo chino, con sarong y blusa,.... Las mujeres, más que los hombres, se "maquillan" con una crema blanca hecha con la madera de un determinado árbol, crema que cubre sus mejillas y a veces la frente y la nariz con formas geométricas. Todos, sin excepción, sonríen al vernos, y la mayoría saluda.

1 de abril de 2016

Una India un poco diferente

Nos vamos de la India..., poco a poco. En el noreste de este país se empieza a notar la transición con el sudeste asiático o, cuando menos, se empieza a notar un cambio. La gente es diferente, tiene otras facciones, otras lenguas, otras costumbres. Hasta otras religiones: en Assam hay hindúes, musulmanes y algunos cristianos, pero los cristianos son mayoría en los estados de Nagaland, Mizoram y Meghalaya. Hay tanta diversidad en India que dicen que solo les une su pasión por el cricket.

Lo bueno de viajar en bici es la libertad que te ofrece: de parar cuándo y dónde quieras, de elegir el camino que quieras. Durante los treinta primeros kilómetros tras nuestra salida de Bongaigaon, en Assam, cambiamos por lo menos tres veces de parecer sobre la ruta que deberíamos seguir. Al final, optamos por seguir hasta Guwahati, dejar las bicis en la capital de facto de Assam (la oficial es Dispur) y visitar brevemente Meghalaya. Después seguiríamos al este y al sur, para cruzar la frontera con Myanmar. Así visitamos cuatro (Assam, Meghalaya, Nagaland  y Manipur) de las Siete Hermanas, término acuñado por un periodista en 1972 para llamar a los siete estados del NE de India, nombre que cuajó rápidamente.

7 de marzo de 2016

Darjeeling, Sikkim y las siete hermanas; de nuevo en la India

Parece el título de algún cuento infantil o de una película porno hindu-orgiástica, pero nos estamos refiriendo al noreste de la India, esto es, a Bengala Occidental, Sikkim y esos siete estados que están como descolgados del resto del país, unidos a éste únicamente por el corredor Siliguri, también llamado con muy poca pompa, corredor "cuello de pollo". Son el hogar de tés mundialmente famosos -Darjeeling en Bengala Occidental y Assam en, bueno, Assam-; aquí se erige el tercer pico más alto del planeta -Khangchendzonga, nada menos que 8.598m, situado en el que hasta 1975 era el independiente reino de Sikkim, un nombre de leyenda-; por aquí fluye uno de los ríos más largos e importantes de Asia -el Brahmaputra, que en algunos tramos llega a los 10km de ancho y que, santo en su parte baja, es uno de los pocos ríos del subcontinente con nombre de varón, "hijo de Brahma"-; y en esta región habitan decenas de tribus que, entre otras cosas más amables pero menos gore, hasta hace cuatro días todavía cercenaban las cabezas a sus enemigos -en el lejano estado de Nagaland, ya fronterizo con Myanmar-.

Además, mientras Darjeeling atraía turismo a sus plantaciones de té y a su fresco clima de montaña, el resto de la zona era relativamente poco visitado por el turismo extranjero, siendo durante años la lejana y misteriosa última frontera, los estados cerrados por completo a los guiris o técnicamente abiertos pero con trabas burocráticas.

Vamos, que la zona prometía.

24 de febrero de 2016

"Viajamos no para cambiar de lugar, sino de ideas". Nepal: de Katmandú al nordeste de India

Quiero pensar que nuestro sobrepeso tras la vorágine gastronómica de las dos semanas donostiarras, durante las cuales dejamos a madres, bares y restaurantes sin existencias, nada tuvo que ver con el terremoto de 5.5 puntos que golpeó Katmandú una tarde al poco de llegar. Todo se movió, la gente soltó algún que otro grito, salió a la calle con cara de circunstancias (está muy reciente el terremoto asesino de 2015)... y, por suerte, poco más, si exceptuamos varios mini terremotos días después.

Bienvenidos a Nepal.

29 de enero de 2016

En Rishikesh, India

Curiosamente, a pesar de haber pasado poco más de una semana en Rishikesh en octubre, el retorno a esta ciudad fue una suerte de vuelta a casa. Es una ciudad agradable, localizada en un sitio bonito entre grandes y verdes montañas, con el Ganges a sus pies, río que da vida y sentido al enclave. Por lo menos en esta época disfruta de un clima amable, primaveral durante el día y fresco durante la noche. Con tanto extranjero pululando por aquí, está llena de cafés, restaurantes y alguna pastelería, negocios que están enfocados en los gustos guiris y que hacen que este valle de lágrimas, que esta dura vida terrenal en nuestro tránsito hacia el karma, sea un poco más llevadera. :-) Y bueno, más que ciudad debería haberlo llamado pueblo, pues aunque Rishikesh tiene más de cien mil habitantes, la zona de ashrams, yoga y guiris se encuentra a unos dos kilómetros al norte de la ciudad y parece un pueblo.

7 de enero de 2016

India: por las ciudades rosa, azul, dorada y alguna más, del Rajastán

This is indeed India! the land of dreams and romance, of fabulous wealth and fabulous poverty, of splendor and rags, of palaces and hovels, of famine and pestilence, of genii and giants and Aladdin lamps, of tigers and elephants, the cobra and the jungle, the country of a hundred nations and a hundred tongues, of a thousand religions and two million gods, cradle of the human race, birthplace of human speech, mother of history, grandmother of legend, great-grandmother of tradition, whose yesterdays bear date with the mouldering antiquities of the rest of the nations—the one sole country under the sun that is endowed with an imperishable interest for alien prince and alien peasant, for lettered and ignorant, wise and fool, rich and poor, bond and free, the one land that all men desire to see, and having seen once, by even a glimpse, would not give that glimpse for the shows of all the rest of the globe combined.

La archiconocida y todavía vigente descripción de India que Mark Twain hizo en 1897 en Following the Equator,... que yo no puedo hacer mejor.

6 de diciembre de 2015

Nepal: selvas y montañas, ortoquakes y crisis constitucionales

Ya el formulario de inmigración para entrar en Nepal nos dio buen rollo. En lugar de las habituales dos casillas a elegir en el apartado de sexo, aquí se incluye una tercera: hombre, mujer, otro. En Nepal. Unos metros más allá de la frágil caseta de inmigración, la oficial de aduanas nos dejó pasar sin control alguno, con un sonrisón y un alegre "¡Namasté!", saludo que ya no dejaremos de escuchar a diestro y siniestro durante nuestra estancia en el país. Carreteras tranquilas y en buen estado, precioso paisaje rural, cerveza disponible en todas partes, una mezcla relajada de gente en ropa tradicional y moderna, gente guapa y sonriente... Todo apuntaba a que Nepal, país que ya habíamos visitado en varias ocasiones anteriormente, nos iba a gustar tanto como en el pasado.

20 de octubre de 2015

La India: entre montañas y lugares sagrados

En la última entrada de este apasionante relato viajero :-) os contábamos cómo, tras mes y medio en India, la sensación de finalmente llegar a este país se materializó cuando descendíamos de las montañas hacia el calor, el ruido, el tráfico, la suciedad, la pobreza, los olores y, en fin, el fenomenal caos indio. Caos que por un lado -será nuestro lado masoquista- nos gusta por su intensidad y autenticidad -¿qué sería de India si se pareciera a, no sé, Suiza?-, y por otro nos lleva por el camino de la amargura, con tantas situaciones frustrantes y cabreantes. Sin duda, los indios son capaces de lo mejor y de lo peor...

Un indio que vive en EEUU desde hace 25 años y ahora se dedica al coaching y a escribir libros de autoayuda nos dijo que el problema es que, a pesar de la tan extendida espiritualidad india que promulga el amor al prójimo y al universo que te rodea, el indio no empatiza, no se pone en la piel del vecino. Él lo explica por la densidad de población y la histórica necesidad de pelearse contra todo y contra todos para salir adelante, de tal forma que el indio va exclusivamente a lo suyo, en plan apisonadora. Como los chinos, vaya, cuyo ejemplo también usó, y que también hemos sufrido en nuestras carnes. Desde luego esa sensación tiene uno cuando circula por la carretera. El coacher también le echó la culpa al abstracto "sistema", que yo más bien veo como una pobre excusa para evitar responsabilidades individuales.

14 de octubre de 2015

Cuestas, malas carreteras y un frío del carajo: disfrutando, y mucho, de los Himalayas de la India

- Veeeerygoodmorning, sir. Whereareyoufrom, sir?
- Spain...
- Oooooh, Spainisaveryveryfinecountry, splendid, sir. Andwhatsyourgoodname, sir?
- Er..., Hugo, and yours?
- Verylovelyname, sir! Mynameis Tirurichipiramnavarsujay, sir.

Volver a India nos ha obligado a refrescar nuestro "inglés con características indias". No hace falta que sea Hindish, esa mezcla de hindi e inglés, para no enterarse de nada; aunque sea puro inglés, ya es complicado entenderles. Hablan como ametralladoras sin apenas pausas entre las palabras, con peculiares sonidos intercalados que soy incapaz de reproducir en el texto y con movimientos laterales de cabeza que no ayudan necesariamente a la comprensión, pues pueden querer decir no, sí, a veces, no tengo ni idea, ya he terminado de hacer la foto y, seguramente, muchos más significados. Pero a pesar de las dificultades iniciales, es un gustazo escuchar su rico inglés, adornado con vocabulario victoriano y, sobre todo, volver a poder comunicarse con la gente -con bastante gente, por lo menos-, y así tener conversaciones que vayan más allá del famoso "¡Atkuda!" de Asia Central.

14 de agosto de 2015

Sobre montañas, caballos, yurtas y lagos: pedaleando por Kirguistán

Nos despedimos de Tayikistán durmiendo en tierra de nadie, entre las fronteras de este país y Kirguistán. Los 20 kilómetros que separan una de otra y en donde vimos un par de granjas habitadas (¿qué nacionalidad tendrán esos granjeros?) son una preciosidad y ya se empieza a ver el cambio de paisaje. Sigue habiendo muchas y muy grandes montañas, pero frente al aspecto lunar o marciano del último tramo de los Pamires, estas son verdes (presagio de que llueve más por estos lares), aunque más allá estén blancas de nieve en pleno agosto. No en vano, muy cerquita hay varios picos de seis y siete mil metros de altura, entre ellos el bastante asequible y accesible (tanto de dinero como de dificultad) Pico Lenin. Nos planteamos su ascensión, pero los programas de aclimatación son de 20 días o más... y lo dejamos para otra ocasión.

8 de agosto de 2015

En el techo del mundo: Tayikistán

Si a Turkmenistán lo identificamos con desierto, a Uzbekistán con sus míticas ciudades como Samarcanda, Bujara o Khiva y a Kazajstán con la estepa, Tayikistán (como Kirguistán, desde donde os escribimos) es sinónimo de montaña y, entre ellas, sobre todo, los Pamires.

La ruta de los Pamires constituye una de las cuatro rutas asiáticas que todo cicloturista quiere recorrer. Desgraciadamente, tres de ellas (la del Tibet entre Kashgar y Lhasa, la de la Amistad entre Lhasa y Kathmandú y la del Karakorum entre Kashgar e Islamabad) nos las están poniendo cada vez más difíciles a los viajeros independientes debido a los visados, obligatoriedad de escoltas o guías y otras estúpidas cuestiones administrativas y de supuesta seguridad. En fin, paciencia. Por suerte, aunque Tayikistán exige visado y permisos, éstos se pueden conseguir sin problemas.

25 de julio de 2015

Ciudades míticas y campos de algodón en Uzbekistán

Aunque siempre intentamos tener una referencia sobre el valor de la moneda antes de cruzar una frontera, cuando en ese país, como en Uzbekistán, lo que impera es el mercado negro, no hay referencia que valga; salvo la de otros viajeros, claro. Así que tras bastante pelea con los cambistas nada más cruzar la frontera, nos timaron vilmente, por suerte no demasiado, pues cambiamos poca pasta.

Menos mal, de todas formas, que estuvimos todo ese tiempo junto a la frontera: un currela vino a decirnos, en ruso o en uzbeko, no sé, que teníamos que volver. Tras muchas dudas (a nadie le gusta volver a entrar en la zona fronteriza, menos cuando has estado haciendo algo supuestamente ilegal como cambiar dinero en el mercado negro) lo seguimos: resultó que no habíamos pasado por aduanas. Fue un acierto volver, o la posterior salida del país sin el papelito aduanero de entrada hubiera sido una pesadilla.

21 de julio de 2015

"Si piensas que la aventura es peligrosa, piensa en la rutina. Es mortal". Cruzando Turkmenistán en cinco días

Hace unos años estábamos Bego y yo viajando por el oeste de China en un razonablemente cómodo autobús. China occidental es un gran desierto con unas cuantas ciudades -nada que ver con el densamente poblado este chino- y estábamos a unos cientos de kilómetros de alguna población de cierto tamaño... y posiblemente de cualquier población de cualquier tamaño. A lo lejos se acercaba un tormentón de esos bíblicos, con relámpagos que llenaban el cielo. Y ahí, en esa tormentosa vacuidad china, "in the middle of nowhere" que dicen los ingleses, se adivinaba la figura de un solitario cicloturista, pedaleando lenta y sufridamente, a quien a buen seguro esa noche le tocaría acampar bajo la lluvia, tras un duro día de calor y sudor. Mi comentario, definitivo, sentido y lapidario, fue: "yo no viajo en bici por estos lares ni jarto de na".